“No saben manejar sus ingresos”: el Gobierno culpa a la población por endeudarse

Ante los altísimos niveles de morosidad, Adrián Ravier sostuvo que quienes no pueden pagar es porque no sabrían usar correctamente su tarjeta de crédito.

Para el gobierno nacional, el altísimo índice de morosidad que sacude al sistema financiero de bancos -y hasta billeteras virtuales- no es por culpa de la creciente inflación ni de los tarifazos, ni de la caída real de los ingresos en las familias o la pérdida del empleo de alguno de sus integrantes, sino porque la gente no sabe usar su tarjeta de crédito.

Así lo deslizó el vocero presidencial, Adrián Ravier, quien al ser consultado sobre ese tema respondió con total soltura: “A veces, la gente se pone en riesgo de impago simplemente por no saber manejar sus propios ingresos y obligaciones”.

En otras palabras, la gente no paga porque no sabe manejar la tarjeta. Y según Ravier, la solución a este problema es entender que “hay un proceso de aprendizaje” que la población todavía no entendió.

“Uno agarra la tarjeta, la lleva al límite y al otro mes se encuentra apretado. Tenemos que volver a aprender cuál es el límite al que nuestros ingresos nos permiten acceder”, lanzó desde el atril de Casa de Gobierno, en otra de sus desafortunadas reflexiones en conferencia de prensa.

No es la primera vez que el sucesor de Manuel Adorni expresa una idea que más bien es una afrenta a la población. En su debut, hace dos semanas nomás, dijo que las tarifas de los servicios debían aumentar porque estaban atrasadas y que la gente tenía que pagar o bien abrigarse y no usar la calefacción.

“Las familias deberían decir ‘bueno, ahora que está más caro el gas, voy a tratar de abrigarme en vez de prender el gas’”, fue la reflexión que hizo y por la cual tuvo que salir a disculparse tras un largo escarnio en redes sociales.

Ahora, el dicho de que la culpa de la morosidad en créditos y préstamos es porque la gente “no sabe manejar” la tarjeta le puede valer al novato vocero otro tirón de orejas.

El alto índice de morosidad en el pago de deudas y tarjetas es un tema que preocupa tanto al gobierno de Javier Milei como al sistema financiero, incluidas las billeteras virtuales que ofrecen préstamos y cuotas a tasas de interés usurarias.

Según un último informe basado en datos del Banco Central (BCRA), la mora en préstamos familiares alcanzó el 12 por ciento del sistema y casi 7 millones de personas fueron excluidas de recibir nuevos préstamos por no poder saldar los que habían tomado.

Los datos indican que la morosidad acumula 19 meses consecutivos en alza, la irregularidad en los pagos se multiplicó por cinco en el último año y medio (en octubre de 2024 alcanzaba al 2,5 por ciento) y el atraso en el pago de las tarjetas de créditos y préstamos trepó a cifras récord que no se registraban desde la convertibilidad.

Otro reciente informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales indicó que el 56,6 por ciento de los hogares no logró cubrir de forma adecuada la Canasta Básica Alimentaria y el 89 por ciento financió la compra de alimentos mediante compras de fiado, tarjeta de crédito o dinero prestado.

Pero para Ravier la cosa no es así. Según dijo, la morosidad es señal de que la economía está creciendo. “Cuando una economía recupera el crédito es normal que aparezca la morosidad”, dijo.

“Esta Argentina que recupera el crédito inicia un proceso de aprendizaje crediticio al que nos tenemos que adaptar”, dijo y explicó que la lección debe ser tomada tanto por los bancos como por las personas. “El banco debe ver a quién le otorga el crédito” y las personas “deben saber hasta dónde puede tomar crédito”.

Sin embargo, para la mayoría de los analistas, el motivo por el cual una familia no puede costear sus deudas es porque el nivel del costo de vida aumentó a niveles insoportables. Esto, sumado a la caída de los salarios producto del derrumbe de los salarios, la pérdida de empleo y las continuas subas en transporte y servicios públicos, reorientó los pocos ingresos a la prioridad alimentaria.

Y ni que hablar de las familias que utilizan sus tarjetas de crédito para comprar alimentos. Esto les genera una espiral de endeudamiento que colapsa cualquier economía hogareña.